Estamos un 20% mejor

El agujero de la capa de ozono preocupó sobremanera en los años 80. Se descubrió sobre la Antártida en 1985 y, dos años más tarde, las naciones del mundo acordaron la prohibición de los productos químicos clorofluorocarbonos, usados en aerosoles y lacas. El pacto se llamó Protocolo de Montreal y el satélite Aura de la NASA acaba de confirmar el éxito.

La capa de ozono se ha recuperado un 20%. Dejó ver que se encogía a partir de 2014, y ahora los sabemos.

“Vemos muy claramente que el cloro de los CFC está bajando y esto está permitiendo la reducción del agujero en la capa de ozono”, dijo Susan Strahan, científica de la NASA.

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El estudio, publicado en la revista Geophysical Research Letters, es el primero que se ha detenido en observar cómo los niveles de ozono han disminuido en la atmósfera año tras año. El agujero se forma cada septiembre sobre el polo sur cuando se inicia el invierno en la Antártida. En ese momento, los rayos del Sol incentivan que el cloro y el bromo, que provienen esencialmente de los CFC, reaccionen con el ozono. Esos compuestos químicos emiten átomos de cloro que acaban con las moléculas de ozono.

Su expansión golpea la salud humana. la radiación que se cuela puede estar detrás del cáncer del piel y las cataratas. Aunque se ha tardado décadas en detectarse los buenos resultados, la investigación vislumbra que las políticas ambientales marcan el camino. Se encontró que los niveles de cloro bajan alrededor de un 0,8% cada año.

Los gases de CFC pueden tardar entre 50 y 100 años en desaparecer de la atmósfera. Su vida útil es larga. Se calcula que hasta 2060 o 2080 el problema no se habrá zanjado. Habrá que seguir mirando por la estratosfera.

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